Alberto Osorio
Desde El Búnker
Lunes 28 de octubre de 2024.- El ladrón de carros que atropelló a 16 personas el sábado 26 de octubre, afuera de la Catedral Metropolitana de Guadalajara, dejó en evidencia las graves fallas y la negligencia con que operan los supuestos sistemas de seguridad (como el C5), la Policía de Guadalajara y de Protección Civil, en esa que se supone es una de las zonas más cuidadas.
También exhibe la nulidad en la presencia de la Policía Vial y en riesgo mayor, la aplicación fallida de protocolos de vigilancia –si acaso existen- ante un posible atentado en medio de un acto masivo.
El robo de una camioneta negra de la marca GMC ocurrido en las inmediaciones del mercado Corona, en el cruce de Independencia y Zaragoza, a dos calles de la presidencia municipal de Guadalajara, en pleno corazón de la metrópoli, un lugar altamente resguardado por policías y por la presencia constante de escoltas, pudo haber terminado en una gran tragedia, en pleno corazón de Guadalajara.
Ninguna autoridad pudo detener al ladrón, a pesar de que antes de la agresión se metió por Morelos con rumbo a Plaza Guadalajara, en sentido contrario durante tres calles, y a pesar de que ya había chocado a un auto compacto.
Y así lo reiteran quienes estuvieron en el lugar. Jaime Cedillo, coordinador del Frente Nacional por la Familia en Jalisco, según Publimetro, señaló que: “Nos damos cuenta de que aquí hubo una falla muy grande de cuidado de este evento, falló el operativo, no sé qué pasó, porque un carro no debió haber ingresado al espacio peatonal de esa manera tan burda como lo hizo”.
Fue la propia ciudadanía quien logró detener a ese delincuente, pero sólo después de rescatar a un jovencito que tuvieron que sacar de debajo del vehículo y luego de que atropelló a 16 personas, algunos de los cuales participaban en la manifestación convocada por parte de grupos antiabortistas, concentrados en este Frente Nacional por la Familia.
Según el dicho de los organizadores, fueron ellos mismos quienes detuvieron al ladrón y lo bajaron de la camioneta y lo resguardaron para evitar que la muchedumbre hiciera “justicia por su propia mano”, tal como estuvo a punto de ocurrir, momentos antes de que lo entregaran a los policías.
De poco sirve las muestras de solidaridad de las autoridades municipales o estatales a los afectados, y por el contrario, son múltiples las dudas que quedan para ser respondidas por parte de los responsables de Seguridad en el municipio, el estado y por la Policía Vial:
El llamado Escudo Urbano, compuesto por decenas de cámaras de seguridad y un sofisticado equipo que cuesta millones de pesos a los ciudadanos, ¿acaso sólo sirve para ver, pero no para actuar por parte de las autoridades policíacas?